VISITAS

martes, 1 de junio de 2010

Parece que fue ayer


Parece que fue ayer ... han pasado casi dieciocho años, pero me parece que fue ayer.

Mi niña, de ser una pequeña rubita de rizos imposibles, se me ha convertido, como por arte de magia, bendita magia, en una mujer. De venir cogida de mi mano, adormilada, pero siempre dispuesta, a mi cole en aquel pequeño pueblo de la Axarquía malagueña, donde los dos empezamos nuestra andadura escolar, yo como maestro y ella como alumna, a ir ella solita a ese mundo tan apasionante y diferente que es la Universidad.

Ya no necesita que le dé la mano, ya apenas me pregunta, de vez en cuando alguna duda de historia o literatura. Ahora soy yo el que tengo las dudas, el que le hago preguntas, el que aprendo de ella. Y ahí está para resolvermelas, para darme la mano.

Yo siempre había pensado que a los hijos cuando son pequeños se les quiere más que nunca, pero que equivocado estaba, cuando son mayores se les quiere mucho más.

Parece que fue ayer ... pero han pasado casi dieciocho años.