“Cuanta
más arena haya escapado del reloj de nuestra vida más claramente deberíamos
poder ver a través de su cristal.”
Hace unos días leí esta cita de Jean Paul
Sartre y me pareció muy acertada. Porque es cierto que conforme pasan esos años
en nuestro reloj de arena vamos viendo mejor todo lo que es verdaderamente
importante y por lo que merece la pena luchar...Aunque, no es menos cierto, que
nuestra vista sea cada vez peor y nuestro oído ya ni te cuento.
También escuché en la radio el otro día una
entrevista a Carlos López Otín, uno de los más prestigiosos científicos del
mundo en biología molecular, y decía que la vida la dividimos en tres etapas:
los 30 primeros años, que los dedicamos a aprender, los 30 segundos a enseñar y
los 30 últimos deben ser para cuidar nuestra salud y disfrutar de la vida. Yo
acabo de entrar en estos últimos.
Así que ha llegado el momento de dejar el colegio… ¡Ya está bien! desde los 4 años no he fallado ni uno, bueno sí, el tiempo de mili.
Se supone que es un momento de júbilo, de ahí
la palabra jubilación. Pero es mucho más que eso, en algún sitio leí también que
el final de algo siempre es el principio de otra cosa. Así que espero que sea
el principio de otra etapa de mi vida, la cual espero que sea bastante larga.
Tengo que empezar por dar las gracias. Gracias
a todas las personas, presentes y ausentes, que me han traído hasta aquí. Las
más importantes, mis padres, todo un ejemplo e imprescindibles para entender
como soy yo, aunque ya me gustaría llegarles a "la suela del zapato".
A partir de ahí, ya todo es un ir pasando los
años. Cada época de mi vida ha tenido unos compañeros y compañeras de viaje,
mis hermanos y mis hermanos/primos son esenciales en este "viaje",
ellos me han ayudado a ser como soy. Entre todos creo que han ido forjando mi
carácter, he ido cogiendo un "poco de aquí y otro poco de allá".
Cuando empiezas a cumplir años vas empezando a
"salir de culero" (como diría mi padre) y vas complementado la
familia con los amigos y amigas. Aquí también tengo que decir que he tenido
muchísima suerte, y he contado con amigos de verdad, que me quieren y a los que
quiero, aunque con el paso de los años estas amistades van cambiando: amigos
del colegio, amigos de la adolescencia, de la universidad, del pueblo, ... Pero
todas esas amistades han tenido su importancia en los diferentes momentos de mi
vida. Me sería imposible nombrarlos a todos, seguro que me dejaría a alguien
sin nombrar y no por eso sería menos importante.
Luego llega la etapa clave de tu vida: cuando
conoces a la que será tu "compañera de viaje". Yo tuve la inmensa
suerte de conocer a Isa. Y con ella estoy "viajando por la vida".
Como en todos los viajes hay algunas curvas, pero creo que las sabemos tomar
con gran pericia. Como he dicho antes, mis padres me dieron la vida y con Isa
la estoy viviendo.
Tenemos dos acompañantes en este viaje, Ana y
Carlos. Mis hijos. Sin ellos no sabríamos vivir y el viaje no nos llevaría a
ninguna parte.
Junto con Isa, conocí también a su familia, que
me aceptó y pasó a ser también mi familia.
Paralelo a la familia están los amigos, que
como he dicho antes, pueden ir cambiando con las diferentes etapas de la vida,
pero cuando ya asientas tu vida, también sueles asentar tu círculo de amigos, y
ahí están "los bigotillos". Somos cinco parejas muy
particulares, muy distintas pero, a la vez, muy parecidas, creo que eso hace
que después de más de 35 años sigamos estando unidos. Con ellos, Isa y yo,
hemos vivido los episodios más importantes de nuestras vidas: noviazgos, bodas,
nacimiento de nuestros hijos (por cierto, todos de las mismas edades),
fallecimientos de nuestros padres, nacimiento de los nietos, etc. etc. Tampoco
concebiría mi vida sin estos amigos a los que queremos y con los que nos gusta
pasar todo el tiempo que podemos, aunque, lamentablemente, por los avatares y
compromisos de la vida, cada vez nos cuesta más coincidir.
Pero ¡a lo que vamos!,… la jubilación.
La jubilación solo se entiende si estás
trabajando, y ahí es donde aparece en mi vida lo que se denomina la
"familia pedagógica". Un montón de compañeros y compañeras a los que
tengo tanto que agradecer…son los que han hecho que estos más de 35 años de
maestro hayan sido una grandísima experiencia.
Desde que acabé magisterio, he pasado por
muchos colegios y en todos he aprendido muchísimo. He aprendido de los
compañeros, de los alumnos y de las familias, porque la educación yo no la
entiendo sin la unión de estos tres sectores.
Empecé haciendo sustituciones en el colegio
"Ruiz Jiménez" con mi tía Leo, a la que le debo también mucho en mi
vocación de maestro, y desde entonces no he parado de trabajar. También tuve la
oportunidad de trabajar haciendo sustituciones en Altocastillo, hasta que
conseguí entrar en la bolsa de trabajo de la delegación. A partir de ahí ya se
fueron sucediendo los destinos: Primero como interino en el Psicopedagógico de
Jaén (donde solo estuve un miércoles), Alonso de Alcalá, en Alcalá la Real,
Padre Rejas, en Jamilena y San Miguel, en el curso 90/91, año en el que aprobé
las oposiciones.
Aquí quiero hacer un paréntesis. Quiero dar las
gracias a mi amigo y compañero Paco Hervás. Con él, además de magisterio
y la mili, hice un buen equipo, gracias al cual fuimos capaces de aprobar
las oposiciones juntos. Desde entonces hemos seguido juntos en los diferentes
destinos, en Alcalá la Real, en Málaga y en Jaén. Se puede decir que desde los
años 80 hemos tenido vidas paralelas.
Después siguieron los destinos, pero ya como
funcionario (aunque nunca me gustó esa denominación para definir a un maestro):
Santa Lucia, en Frailes, Eloy Téllez, en Vélez Málaga, Eduardo Ocón Rivas, en
Benamocarra, 19 de Julio, en Bailén y, por último, mi colegio...San Miguel en
Torredelcampo, donde he pasado estos últimos 20 cursos.
Lo más valioso de todos estos años han sido,
sin duda, mis niños y niñas. Durante todo este tiempo han pasado por mis clases
un montón de niños y de todos y cada uno de ellos he aprendido. Esos niños y
niñas son el verdadero motivo de mi esfuerzo, los que han hecho que día tras
día me levantase con la ilusión de ir al colegio. Os puedo asegurar que, aunque
se me olvidan los nombres de muchos de ellos, hay miles de anécdotas, unas
simpáticas y otras tristes, que siempre recordaré. Mi agradecimiento más
sincero para todos.
Como he
dicho antes, en todos los colegios encontré lo necesario para ir formándome
como maestro, sin la ayuda y consejos de mis compañeros y compañeras, nunca
habría llegado a aprender nada de lo mucho o lo poco que ahora sé, ya que
siempre estamos aprendiendo.
Podría pasar horas hablando de mis colegas de
profesión, de anécdotas y situaciones divertidas, y no tan divertidas, que he
vivido con ellos pero me voy a centrar en mis compañeros del colegio “San
Miguel”. A todos y cada uno de ellos (aunque debería de hablar en femenino, ¿Eh
Miguel?, porque son inmensa mayoría las seños con las que he compartido cole)
les doy las gracias por enseñarme. Les doy las gracias por ayudarme. Les doy
las gracias por aguantarme y hacer que ir al colegio nunca me haya supuesto un
problema. Siempre he ido contento (aunque tocara disfrazarse de
"lagarterana"). Gracias compañeras. Gracias a todas. Con unas he
pasado más cursos que con otras, de hecho Merchicole, Jaci y yo somos
compañeros desde que hicimos magisterio juntos, pero de todas he aprendido
muchísimo. No puedo nombrar a todas porque, con mi edad ya, seguro que me
olvido de muchas. Pero, de verdad, a todas les debo un gran agradecimiento.
Tengo que hacer otro paréntesis para hablar de
mis compañeras de coche. Más de 15 cursos compartiendo coche sin ningún
problema. La Ruta-1, Avda. Barcelona-Fuentezuelas, ha funcionado a la
perfección. Mª Carmen, Loli Paulano y yo, nunca hemos tenido el más mínimo
problema para ponernos de acuerdo y facilitarnos los desplazamientos al colegio.
Estos viajes nos han servido para mantener las más diversas conversaciones,
confidencias, cotilleos, risas y llantos, que nos servían para conectar y
desconectar de las jornadas laborales. Gracias de todo corazón.
Ahora quiero hablar y agradecer a mi equipo
directivo. Equipo del que durante algún tiempo formé parte, pero que, sin
duda, mejoró y dio un "salto de calidad" cuando yo lo dejé.
Aunque tengo que decir que mi experiencia como secretario, junto a mi amigo
Rafael y mi amiga Jaci, fue increíble y pasé unos cursos en los que
aprendí muchísimo a su lado.
Un colegio jamás podría funcionar si no hubiese
gente que le ponga las ganas, la ilusión, el esfuerzo, la dedicación y el buen
hacer de un equipo directivo. En eso creo que tenemos la suerte de contar con
las mejores, ¡¡¡y con Miguel!!! Se han complementado a la perfección, aportando
la experiencia y diplomacia de Jaci, el ímpetu y laboriosidad de Mª Carmen y
los conocimientos y trabajazo de Miguel, para hacernos trabajar a toda la
plantilla en una misma dirección y que el colegio sea un referente dentro de
nuestro pueblo. Este equipo sabe dar y pedir, cuando nosotros llegamos ellos ya
están de vuelta, ya han andado el camino y nos lo han allanado. Gracias por
hacernos más fácil nuestro trabajo.
Por último en este apartado de agradecimientos,
quiero hablar de una familia que en estos últimos 20 años ha marcado mi
trayectoria vital. La familia Romero -Poblete. Paco y Maribel. Paco, que allá
por enero del 2006, permitió que yo esté hoy aquí soltando todo este rollo, él me
ayudó "a ver la luz", a seguir viviendo. Y Maribel, que llegó al
colegio el mismo día que yo y ha sido mi maestra. De ella y con ella he
aprendido a ser maestro. Aunque con un resultado muy diferente al suyo, ya que
es muy difícil estar a su altura. He intentado imitarla y poner en práctica
todas las enseñanzas que me ha transmitido. Me ha llevado "con la lengua
fuera" en muchas ocasiones, pero los que hemos hecho deporte sabemos que
solo la exigencia y el esfuerzo te hacen mejorar. Muchas gracias.
Hay dos palabras que, desde mi punto de vista,
son básicas en nuestro vocabulario: gracias y perdón.
Ya he dado las gracias, ahora toca pedir perdón.
Y se lo quiero pedir a todas las personas a las que a lo largo de mi
trayectoria profesional he podido perjudicar de alguna manera. Alumnos y
compañeros con los que he "metido la pata" y he podido causarles
algún inconveniente o daño.
Lo que os puedo asegurar es que, si lo he
hecho, ha sido como fruto de mi incompetencia, torpeza o despiste, pero, os
juro, que jamás por mala intención. En la escuela he procurado ser siempre
justo, ayudar a todos por igual (me cayeran mejor o peor) pero nunca he hecho
nada que pudiera perjudicar a niños y maestros de manera intencionada. Errores
he cometido "a espuertas", como creo que todo el mundo, pero ya os
digo que han sido por ignorancia o inexperiencia. Espero que me perdonéis.
Ahora solo me queda despedirme. Como he dicho,
empiezo una nueva etapa que espero disfrutar con mi familia y amigos. Espero
que la salud nos acompañe a todos y le saquemos el máximo jugo posible.
Sabed que estoy a vuestra disposición (siempre
que no haya que disfrazarse) aunque, como hizo mi amigo Rafael, no creo que
aparezca mucho por el cole, nos podemos ver en cualquier otro lugar. Volver al
colegio me traerá muchos recuerdos y me hará sufrir porque, ya me conocéis, soy
muy sentimental y vivo de manera muy particular las diferentes
situaciones y momentos. De hecho os puedo decir que, a día de hoy, no he vuelto
a pisar ninguno de los colegios en los que he sido maestro.
Espero que me recordéis como un compañero que
siempre intentó, con mayor o menor acierto, hacer grande a nuestro cole, ya que
lo he sentido como mi segundo hogar. Además de calzar con pelotas de tenis las
sillas y mesas, creo que he puesto mi granito de arena en hacer que la
convivencia en el centro fuese un poco mejor. Por lo menos esa ha sido mi
intención. Como le he dicho en más de una ocasión a mi buen amigo Miguel,
probablemente yo sea el peor maestro del mundo, pero os prometo que he
intentado ser un buen compañero, tanto con mi alumnado, al que siempre he
querido e intentado ayudar, como con mis compañeras y compañeros, con los
que he procurado tener siempre una excelente relación.
Seguro que echaré de menos todos estos años
vividos, pero tengo mucha ilusión por los que me quedan por vivir.