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viernes, 19 de noviembre de 2010

El cazo de Lorenzo

A menudo, una buena amiga me surte de correos electrónicos de diferente tipología. Los hay divertidos, interesantes, bonitos, escatológicos, ... muchos te hacen pensar durante un rato, otros te informan, otros son un poco "lacrimógenos", otros ... pero absolutamente todos te recuerdan que esa persona te tiene "en su lista de contactos", lo cual es de agradecer y hace que te acuerdes de ella y los suyos cada vez que abres sus correos. Pero en el correo de hoy me ha llegado una historia que me ha gustado especialmente, ya que, dedicándome como me dedico a la docencia, siempre le das mucha importancia a como explicar las cosas para que te entiendan y les quede el mensaje que quieres trasmitir. Sin duda alguna, el cuento es la manera más didáctica de conseguir que una persona, da igual la edad, se quede con una idea. El cuento que me ha enviado mi amiga es, además de bonito, muy acertado para que de una vez por todas recapacitemos, sobretodo los que estamos en esto de enseñar, que no todas las personas tienen la misma facilidad para alcanzar las metas que se proponen y hay muchos "cazos" ocultos que tenemos que sobrellevar.
Gracias Manuela.

martes, 13 de julio de 2010

Yo también puse la bandera en el balcón


No me pregunteis por qué ... pero yo también puse la bandera en el balcón.

Como a miles, como a cientos de miles, como a millones de paisanos de este planeta ...a mí me gusta el fútbol.

Tengo que reconocer que me gusta más ver un partido de baloncesto. Todavía recuerdo aquel verano del 2.006 cuando la selección española de baloncesto se proclamó campeona del mundo en Japón. Esos partidos los vi con mi hijo, que por aquel entonces jugaba a ese bello deporte de la canasta, y nos emocionábamos viendo como nuestra selección iba ganando un partido tras otro sin dar opción a sus rivales. Fueron muchos los aficionados que lo celebramos, aunque fue una celebración "en la intimidad", en comparación con esta copa del mundo de fútbol... No pusimos la bandera en el balcón.

Ahora los pueblos y ciudades de todo el pais se han derramado por las calles como un cava recien descorchado tras haber agitado la botella partido a partido.

Hasta ahora no he sido consciente de lo que mueve el fútbol. Te puede gustar más o menos, incluso no gustar, pero te ves abducido por la corriente que genera.

Son pocas las ocasiones que en nuestra tierra nos ponemos todos de acuerdo para hacer algo a la vez, nochevieja y poco más, por eso creo que hay que aprovechar la ocasión.

Como siempre, y eso creo que es un mal genético en España, están los que urgan hasta buscarle un trasfondo político a un hecho puramente deportivo y del pueblo, los que no quieren que "todos" podamos ser felices a la vez, los que pretenden, porque así les interesa a ellos, que en España siga habiendo "unos y otros".
Sinceramente, cuando veo a mi hijo y sus amigos, como miles de jóvenes adolescentes, incluso los más pequeños, salir a la calle con banderas de España siento alegria, y no por la bandera en sí, sino porque está más cerca el día en el que olvidemos que aquí hubo dos españas, y ahora todos, con las peculiaridades , las ideas, los idiomas, las religiones ... de cada uno, tenemos una bandera, un objetivo común. En todos los barrios, en todas las calles había banderas (curiosamante más en los barrios más humildes, claro los ricos tienen una segunda vivienda en la playa o en el campo donde se refugian de la crudeza del verano y sus balcones de la ciudad están deshabitados)
Algunos paises "de nuestro entorno" nos llevan mucha ventaja en democracia, Inglaterra, Francia, Alemania ...y uno de los aspectos en los que nos superan es precisamente en el de los símbolos. Piense como piense cada uno de los habitantes de esos paises, reconoce sus símbolos como propios y como nexo de unión con sus paisanos.
Una vez dicho esto , tengo que reconocer que lo que a mí me gustaría es que no existiese ninguna bandera. Porque la existencia de banderas supone la existencia de fronteras, y eso es algo que va contra mis principios. Nadie elige donde nace, por eso tendríamos que dejarnos elegir donde queremos vivir... Pero yo también puse la bandera en el balcón.

martes, 1 de junio de 2010

Parece que fue ayer


Parece que fue ayer ... han pasado casi dieciocho años, pero me parece que fue ayer.

Mi niña, de ser una pequeña rubita de rizos imposibles, se me ha convertido, como por arte de magia, bendita magia, en una mujer. De venir cogida de mi mano, adormilada, pero siempre dispuesta, a mi cole en aquel pequeño pueblo de la Axarquía malagueña, donde los dos empezamos nuestra andadura escolar, yo como maestro y ella como alumna, a ir ella solita a ese mundo tan apasionante y diferente que es la Universidad.

Ya no necesita que le dé la mano, ya apenas me pregunta, de vez en cuando alguna duda de historia o literatura. Ahora soy yo el que tengo las dudas, el que le hago preguntas, el que aprendo de ella. Y ahí está para resolvermelas, para darme la mano.

Yo siempre había pensado que a los hijos cuando son pequeños se les quiere más que nunca, pero que equivocado estaba, cuando son mayores se les quiere mucho más.

Parece que fue ayer ... pero han pasado casi dieciocho años.

viernes, 14 de mayo de 2010

Abrazos


"Un día dejas de dar abrazos... y luego ya no te acuerdas de como se daban". Escuché esta frase en la promoción del estreno de una película de cine, y me llamó inmediatamente la atención. Desde entonces llevo dándole vueltas. ¿Por qué dejamos de dar abrazos? A todos nos gusta que nos quieran, que nos cuiden, que nos abracen ... Pero también nosotros tenemos que querer, cuidar, abrazar. En muchas ocasiones damos por supuesto que queremos a alguien, pero nos olvidamos de demostrárselo. Poco a poco vamos cayendo en una rutina, en una monotonía que hace que vayamos olvidándonos de "como se dan los abrazos". Tenemos que practicar esos abrazos. Como también leí en alguna ocasión, "no debemos dejar crecer la hierba en el camino de nuestras relaciones, porque nos lo puede ocultar".

lunes, 5 de abril de 2010

¡¡Felicidades!!


¡¡Felicidades!! Eso fue lo que todos gritamos cuando se abrió la puerta del salón y apareció ella. Era una "fiesta sorpresa", la habian preparado sus hijas, con el cariño y el mimo que solo unas hijas pueden poner cuando quieren demostrarle a su madre cuanto les importa y la quieren.

No fue una fiesta "profesional", organizada por un "organiza fiestas profesional", fue sencilla, de chascarrillos, canciones y bailes, pero en la que todos estábamos felices por estar allí, nos sentíamos actores principales en una película, en la película de una vida, de la vida de una mujer a la que queremos y nos importa. Por eso yo me quedo con las "medias noches" de jamón york y queso y la tortilla de patatas, porque la fiesta de ese cumpleaños estaba dentro de nosotros y ni en el mejor y más lujoso salón de Madrid hubiéramos sentido las emociones que sentimos en ese salón que tantos cumpleaños ha celebrado...y celebrará.


domingo, 4 de abril de 2010

Lo que escriben mis alumnos

Todos aprendemos de todos. La profesión de maestro es, sin duda alguna, la más gratificadora de todas las profesiones que podamos imaginar, y no tanto por lo que enseñamos los maestros, sino por lo que nos enseñan nuestros alumnos.
Cuando les proponemos que escriban sobre algún tema no dejan de sorprendernos con su imaginación y frescura a la hora de contarnos las cosas. En mi clase procuramos escribir todo lo que podemos y aquí os iré enseñando algunos de esos escritos. Espero que os gusten tanto como a mí.
Este cuento, que reproduzco a continuación, está escrito por José Nova Cruz, de mi clase de sexto de primaria.
El Sueño de una noche
" Había una vez, un niño, llamado Alberto, que tenía una amiga llamada Constancia.
Alberto y Constancia siempre habían vivido juntos, incluso iban al mismo colegio y asistían a la misma clase.
Cuando terminaron el colegio, Alberto sintió un flechazo y se enamoró de Constancia aunque su amor no era correspondido. Los dos siguieron creciendo juntos y el amor que Alberto sentía fue creciendo como una enredadera dentro de su corazón.
Cuando Constancia tuvo 20 años, su padre, que era arqueólogo, tuvo que trasladarse a África para continuar con unas importantes excavaciones en el desierto. Con él partió toda su familia, incluida la bella Constancia.
Sin conocer la marcha de su amada, un día Alberto fue a la casa de Constancia, cuando llegó, llamó al timbre y no contestó nadie, lo que extrañó mucho al joven. Pasados los días Alberto se enteró de que Constancia se había mudado a África, muy triste se fue a su casa, aunque pensó que ahora que le habían dado las vacaciones de verano, que por que no ir a visitar a Constancia. Dicho y hecho, preparó la maleta a media noche y se puso en camino para llegar a África por la mañana, pero no era un camino fácil el que tenía que recorrer, así cuando se hizo de día estaba llegando al desierto del SAHARA, entonces se paró y pensó en Constancia, si la volviera a ver... y dijo:
-En esta vida solo hay una oportunidad y Constancia es el amor de mi vida, tengo que encontrarla.- Se encaminó a la aventura con los ánimos renovados y cuando ya llevaba un rato caminando, se paró a descansar y a comer.
Cuando comió se echó una siesta, y cuando se despertó se encontraba en una carroza. Salió de la carroza y los guardias que había se tiraron a por él y le dieron con un palo en la cabeza Alberto quedó inconsciente. Cuando despertó le dolía la cabeza y estaba en una celda metido, se puso a gritar de desolación:
– ¡Socorro!¿hay alguien ahí? – En la celda de al lado había alguien, pero como estaba muy oscuro no podía distinguir de quien se trataba. Entonces Alberto, intrigado le preguntó cómo se llamaba y una voz dulce y aterciopelada le contestó:
- Mi nombre es Constancia, y soy hija de un arqueólogo español que ha sido trasladado a este desierto para realizar una excavaciones.
Al oír esto Alberto saltó de alegría, y le dijo:
- Constancia, soy yo Alberto, vine para buscarte estuvieras donde estuvieras.
Constancia se alegró tanto al oírlo que se puso a llorar de alegría, entonces los dos idearon un plan para poder salir de esa horrible y oscura prisión.
Cuando vino el guardia a darles la comida, Alberto le dio con la bandeja de la comida en la cabeza y el guardia se quedó inconsciente, alargando la mano cogió la llaves de la celda y se escaparon los dos juntos de la mano, cuando salieron de la prisión se encontraron en un castillo.
Los guardias salieron tras ellos y los atraparon justo delante un precipicio que se abría al vacío. Sin poder remediarlo, en sus ansias por escapar, Alberto y Constancia cayeron por el precipicio.
Cuando llegó al fondo se despertó y vio que todo había sido una terrible pesadilla. Alberto seguía estando en el colegio y Constancia, una preciosa niña de once años, seguía ocupando la mesa de su derecha. "

sábado, 13 de marzo de 2010

Campos de Castilla


Lo que voy a escribir a continuación me surge tras la visita al blog de mi amigo Rafael. En él habla de un libro de Miguel Delibes, "El Camino", y lo ilustra con una foto de un camino o pequeña carretera castellana que se parece a miles de caminos y carreteras que cruzan nuestro pais. Nada más verla se me ha venido a la mente mi última excursión en bicicleta, realizada el pasado verano, donde un grupo de buenos amigos, "la banda del Tigre" (algún día os contaré por qué se llama así), hicimos el Camino de Santiago . Durante esta ruta, que atraviesa todo el norte de España, tuve la oportunidad de recorrer parte de las provincias castellanas de Burgos, Palencia y León, que yo no conocía, y pude experimentar una sensación bastante especial que me hizo entender, modestamente, ese espíritu castellano, sobrio y austero, tan característico en la obra de D. Miguel Delibes.

Aunque pedaleaba en grupo, son muchos los momentos de silencio, incluso horas, en los que nadie habla, solo pedaleas, y eso hace que pienses. Pasas horas pensando, haces repaso de muchas cosas, pero también reflexionas y eso es un ejercicio que recomiendo a todo el mundo. Normalmente vivimos muy deprisa y no nos paramos a pensar porque, sencillamente, no tenemos tiempo. Ese tiempo es el que yo he encontrado en mis "escapadas" anuales en bicicleta. En algunas ocasiones el paisaje hace que te quedes extasiado en su contemplación, y es entonces cuando más te acuerdas de personas con las que te gustaría compartir esos momentos, en otras ocasiones piensas en problemas que tienes o has tenido y en sus posibles soluciones, otras, en cambio, dejas que tu mente vagabundee por donde ella quiera.
Alguien puede pensar ¿y dónde queda el esfuerzo y el sacrificio de pedalear, o es que todo es placentero? Tengo que deciros que "sarna con gusto no pica". Es cierto que en muchas ocasiones hay que salvar un duro puerto, o una zona que requiere mayor concentración, pero suele ser en esos momentos donde encuentras el apoyo del grupo. Por suerte, mis compañeros y yo formamos un equipo que nada tiene que ver con la competición. En este grupo prevalece el espíritu de convivencia ante el de competición. Por eso, en los momentos más duros ya se encargan tus compañeros de ir dándote conversación y ánimos para continuar.
En definitiva, os recomiendo un paseo por Castilla, o por cualquier otro sitio, siempre que vayas bien acompañado... y te permita pensar.

domingo, 7 de marzo de 2010

Tiempo


Llovía, hacía frio, ... Amanecía un día gris, no muy diferente a los anteriores, a los diez o doce días anteriores.

Algo se rompió en esa mañana gris. Algo no era igual a los días anteriores. Una llamada temprana me despertó de un sueño; un sueño que, como todos los sueños, no podía durar eternamente. Quería seguir soñando, pero me desperté.

Se había ido mi pasado;Se cortó el hilo que me unía con él, se me rompió en esa fria mañana. Ahora yo soy el presente, ya no soy futuro, mis hijos han heredado ese título.

Esto produce dolor, mucho dolor, ... ¿por qué la vida no nos prepara para esto? ¿por qué la vida no nos prepara para lo único que hay de cierto en ella?

Tiempo, eso es lo que necesito, tiempo. Ahora tengo que trabajar mi presente, consolidarlo, para que sea lo suficientemente fuerte, que sirva de asidero a los mios, a mi futuro. ¿Podrán ellos disfrutar como yo lo hice? ¿Podrán sentir la seguridad de la que yo gozaba? ¿Podrán gozar de tanto amor como a mí me dieron?
Tiempo...