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jueves, 23 de julio de 2020


EL POLVO
Ojalá me refiriese a ese tipo de polvo del que estamos pensando, pero no,  me refiero a esa nube gris, esa nube infecta que se cuela por todos los rincones de la casa, por todas las rendijas, por todas las puertas, incluso por las cerraduras. Es imposible detenerlo, no se puede luchar contra él, siempre acaba venciendo.
No son pocas las medidas que hemos tomado: "plastificar" muebles y estanterías, colocar toallas en las rendijas de las puertas, ...todo es inútil.
El polvo, cuando se está de obras, es el enemigo más letal que existe.
Isa y yo nos miramos, con la mirada a través de los cristales traslucidos de unas gafas gastadas de tanto limpiarlas, nos miramos para descubrirnos en esa nube gris, con un pelo parecido al estropajo, hecho de estopa dura y áspera, nos miramos con esa mirada perdida y suplicante que implora clemencia y pide que cese ese chirriar estridente, esa "chicharra" metálica que araña las baldosas y es el origen de la nube "asesina".
Solo son unos escasos cuatro metros cuadrados de cuarto de baño, pero suficientes para contaminar con su nube de polvo gris todo nuestro "planeta".
El maestro de obras, hábil y certero con sus herramientas, está acostumbrado a faenar en estos ambientes, se desenvuelve con soltura, incluso respira y canta a la vez. Nosotros lo miramos asombrados, es sorprendente la capacidad del ser humano de adaptarse a este medio, a este ecosistema de las obras, donde solo sobreviven las especies más fuertes. El prototipo de albañil hispano, fuerte, ágil, con su camiseta corta que muestre el ombligo y el pantalón de talla justa para mostrar la "hucha" cada vez que se agacha a colocar una baldosa. Ese es el estandar morfológico de un auténtico albañil de nuestra tierra, y si además canta o silba es todo un plus de calidad.
Seguiremos luchando contra el polvo. Va a ser una batalla larga, pero confiamos en que un día podamos volver a mirarnos con una mirada limpia, que podamos respirar con una nariz despejada, sin mocos de cemento, que podamos saborear un gazpacho sin "tropezones" indeseados...
Esperemos que la espera merezca la pena...a pesar del polvo.


lunes, 13 de julio de 2020


Antoñito, Antonio José, Antonio...la evolución de un nombre como si de una metamorfosis se tratara.
Yo lo conocí cuando todavía no me conocía a mí mismo. Mi madrina, mi hermana mayor, me lo presentó como la persona con la que compartiría su vida.
Y así fue. Han sido 50 años juntos, más el "chorreón" del noviazgo.
Mi relación con Antonio es la misma que con mi hermana, ya que mi memoria nace en la época en que ellos se conocieron, y desde entonces siempre han estado juntos. Yo no concibo estar con Loly sin estar con Antonio. Excursiones, viajes, celebraciones, ...todo lo hemos hecho juntos.
Ahora empieza una nueva etapa para mi hermana, en realidad para toda la familia, porque Antonio no era solo mi cuñado, la relación con la familia Cerezo es algo más que una relación de "familia política".
Desde antes de nacer yo, nuestras familias ya se conocían. Los patriarcas Virgilio y Bartolomé ya eran amigos antes de que sus hijos empezaran  a "casarse a pares". A partir de ahí ya se estableció, como he dicho antes, una relación que iba más allá de lo puramente formal. Para mí, Inés y Bartolomé nunca fueron los suegros de mis hermanos, sino unos familiares con los que compartía todos los momentos importantes de la vida: bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, viajes, vacaciones,...y Navidades. Las personas con las que celebras todas las Nochebuenas, Día de Navidad y Nocheviejas no pueden ser la "familia política" de tus hermanos...son tu familia.
No, Antonio no es solo mi cuñado, él es una parte de mi hermana y, como ella, me enseñó, cuidó, motivó y me sirvió de modelo en muchas  situaciones en mi vida. Es cierto que jamás seré lo ordenado, meticuloso o disciplinado que es Antonio, pero gran parte de "culpa" de que yo tenga un poco de orden, disciplina o meticulosidad en mi vida se lo debo a él (sin contar con la forma de comerme las galletas con la leche).
Antonio, todos te echaremos de menos, pero también estamos seguros de que, como tú siempre nos has demostrado, hay que vivir y ser positivos, con ese espíritu con el que tú siempre has afrontado  las adversidades que se te han presentado a lo largo de tu vida. Seguiremos haciendo excursiones, de esas que a ti te encantaba programar con precisión, seguiremos aprendiendo, con la curiosidad e interés que tú siempre  has mostrado por todo... en definitiva, seguiremos viviendo e intentando saborear la vida como tú siempre lo hiciste.
Gracias por todo Antonio.


jueves, 7 de mayo de 2020

¿Tendremos memoria?



¿Tendremos memoria?¿Será verdad todo lo que ahora decimos? ¿Habrán servido para algo todos los propósitos de enmienda que ahora pregonamos? ¿Seremos de verdad tan solidarios como decimos? ¿Valoraremos de verdad las cosas en su justa medida?...
Estas, y muchas como estas, son las preguntas que a mí se me plantean en este cautiverio doméstico al que estamos sometidos. Y se me plantean cada día después del aplauso de las ocho, después de hablar con familiares y amigos, después de oír la radio y, sobre todo, después de los "cincuenta mil" vídeos y whatsapp (unos bienintencionados y otros con muy "mala leche", tanto de unos como de otros) que me llegan diariamente.
Todo es solidaridad, todo son buenas intenciones, vamos a experimentar un extraordinario cambio de actitud ante la vida, vamos a crear una sociedad más justa, vamos a ... ¿de verdad?
No sé por qué, pero me da a mí que cuando esto pase, cuando el TIEMPO, que es el que lo pone todo en su sitio, dicte su sentencia, muchos de esos que ahora pregonan toda esa solidaridad, buenismo y demás, volverán a ser lo que son y siempre han sido. Cuando se les pase el MIEDO, se volverán a crecer y volverán a caer en los mismos "errores" de los que ahora reniegan.
La solución a esta crisis (la más grande que se recuerda en todos los sentidos: sanitario, económico, social, político, ...) está claro que está en manos de TODOS: De los sanitarios que se dejan la vida por atendernos y curarnos (la sanidad ha sufrido grandes recortes en los últimos años, parece ser que no era algo prioritario en nuestra sociedad), de los científicos, que buscan como locos remedios a las enfermedades y demás amenazas de nuestro mundo (con unos presupuestos ridículos que le hacen tener que emigrar a otros países), de los empresarios y autónomos, que crean empleo y riqueza en el país (muchos de ellos criminalizados por ciertos sectores del espectro político), de los trabajadores que se dejan la piel en sus trabajos para que tú y yo tengamos los bienes y servicios que nuestro día a día demandamos (y que soportan los vaivenes caprichosos de políticas partidistas), de las fuerzas  y cuerpos de seguridad del estado, que no duermen para que nosotros lo hagamos (todavía hay sectores de nuestra "clase política" que ven "fantasmas del pasado" en estos cuerpos totalmente democráticos y modernos), de los funcionarios que soportan la estructura del estado y hacen que la "máquina" funcione (siendo, en muchas ocasiones, criticados por unos y presionados con intereses partidistas por otros), de los jubilados que nos aportan la experiencia y cohesión que toda sociedad necesita (siguen siendo meras "bolsas de votos" para los partidos políticos), de los docentes, de todos los niveles educativos, que tienen en sus manos el futuro de la sociedad (desprestigiados, en ocasiones, por esa misma sociedad a la que educan) y, por supuesto, de los políticos, imprescindibles en cualquier sociedad pero que a día de hoy creo, sinceramente, que no están a la altura de las circunstancias, que están más preocupados de sus partidos que de sus paisanos.
Como veis, TODOS somos necesarios y si una sociedad quiere progresar tiene que cuidar de todos.
¿Tendremos memoria?

sábado, 2 de mayo de 2020

ANGELITA



Angelita nació allá por el año 1924 en una sencilla familia jaenera. Era hija de un carpintero y una sufrida ama de casa. Se crio sin lujos, sabiendo lo que valían y costaban las cosas. Creció, junto a sus tres hermanas y dos hermanos, a caballo entre la castiza calle Almendros Aguilar, en el barrio de la Merced, y la calle Cañizares, del no menos castizo barrio de San Ildefonso. Asistió al colegio San Vicente de Paúl, popularmente conocido como "amiga de piedra", donde fue educada por las monjas de las Hijas de la Caridad. Angelita luchó por labrarse un futuro, por encontrar una "colocación", según palabras de la época. Y así lo hizo.
Pero Angelita se vio sorprendida por el amor. Se cruzó en su camino un apuesto agricultor, hijo de una familia de pueblo, de las que a sus miembros se les daba el tratamiento de "señorito".  Se enamoró perdidamente de aquel apuesto pueblerino que se vino a mudar a la capital después de la Guerra. Él tenía como ocupación el campo, algo ambiguo y que le permitía tener una autonomía que le alejaba de horarios. Ella, por el contrario, sí tenía horarios. Empleada como mecanógrafa en el laboratorio de un reputado doctor y analista de la capital, aporreaba durante todo el día la máquina de escribir en interminables informes y escritos. Tenía un sueldo que aportaba a casa, donde sus padres lo administraban con justicia.
Para Angelita, el casarse con Virgilio, que así se llamaba su amado, supuso renunciar a todo lo que hasta ese momento había sido su vida: su familia, su trabajo,… Pero le pudo el amor que sentía por él.
La vida de Angelita transcurrió a mitad de camino entre el pueblo y la capital, entre el campo y la ciudad, entre el cortijo y la casa en Jaén. Durante toda su vida se adaptó con resignación a todo lo que le venía dado. De fortísimas convicciones religiosas, Angelita se refugiaba en ellas y aceptaba sin protestar "lo que estaba del Señor".
La humildad fue, sin duda, el rasgo más destacado de la personalidad de Angelita. Ella siempre estaba allí, pero no era la protagonista, siempre ocupaba ese lugar necesario pero oculto, imprescindible pero invisible. Nunca fue de "salir en la foto", de hecho nunca le gustaron, pero sin su concurso nada hubiese funcionado en esa familia. Moderada y tranquila, jamás mostró su disconformidad de manera exagerada, nunca se le oyó gritar las injusticias o desencuentros de los que pudo ser víctima o testigo. "Mujer de las de antes", horrible expresión que encierra todo aquello por lo que la Mujer ha pasado y esperemos que nunca más pase. 
Angelita era Buena, sí, Buena con mayúscula. Es muy difícil encontrar a alguien que tenga una mala opinión de ella. A pesar de los tiempos y circunstancias en las que le tocó vivir, siempre tuvo ese espíritu conciliador, tolerante, positivo, que le hacía ver más allá de sus creencias religiosas, o precisamente porque sus creencias eran verdaderamente religiosas, y no afines a la ortodoxia de la época. 
Pero Angelita tenía una debilidad, su Familia. Sus cuatro hijos y su Virgilio. Por los que daba la vida. La verdadera razón de su existencia. Y así lo demostraba día a día. Jamás rehusó estar donde se le necesitara, siempre dispuesta a ayudar, cuidar, mimar, ... pero sobre todo amar. Tenía una particular manera de amar, sin aspavientos, sin excesos, sin muestras desmesuradas o fingidas de cariño. Como todo en ella, era serenidad, una dulzura sincera que te hacía sentir tranquilo, seguro y, sobre todo, querido.
Nada dura para siempre y Angelita nos dejó. Y lo hizo de la misma manera en que había vivido, tranquila, sin hacer ruido. Era fuerte, siempre decía que "yo no he ido al hospital ni para parir", y que fatalidad que cuando lo hizo fuera para morir. No era vieja, era mayor y se sentía fuerte y útil, porque era ella quien cuidaba de su esposo, que por aquel tiempo gozaba ya de una "delicada salud de hierro". Pero el guión de su vida quiso que fuera ella quien se marchara primero. O, tal vez, se fueron los dos juntos, porque desde entonces Virgilio dejó de vivir, seguía existiendo, pero muy lejos de la vida.
Los que hemos tenido la inmensa fortuna de poder haberla llamado MAMÁ, hemos tenido en ella un ejemplo de vida, un referente que nos ha servido de guía y modelo.

Hoy es día 3 de mayo, día en que nos dejó nuestra madre, Angelita.





viernes, 10 de abril de 2020

¡¡¡VIVA EL ABUELO!!!

Con este grito se vienen despertando los jiennenses los Viernes Santos desde hace ya "unos cuantos" años.
Pero el Viernes Santo de este año, como casi todo en este año, ha sido diferente. Por las calles de Jaén no fluye el río de nazarenos que acompañan al Abuelo. Este año las calles se han despertado solitarias y mojadas. El agua de lluvia ha sustituido a la cera de las miles de velas que año tras año alumbran la procesión. Este año el Abuelo ha seguido el consejo de sus hijos y nietos y se ha quedado en casa.
Como a todos los abuelos, hay que cuidarlo, ahora nos toca a nosotros cuidar de ellos. Por eso, por lo menos para mí, este año más que nunca el grito de "Viva el Abuelo" tiene un sentido muy especial. Pienso en nuestros ABUELOS. En esas personas cargadas de experiencia que han vivido por nosotros y para nosotros.
A mi generación ya no le quedan abuelos, pero sí que todavía quedan padres y madres, incluso hermanos y hermanas, que son "abuelos", que nos cuidan y quieren a nosotros y a nuestros hijos. Son a ellos a los que dedico mi grito jaenero de ¡¡¡VIVA EL ABUELO!!!
También me acuerdo de todos los que en estos difíciles días
no pueden tenernos al lado, se ha cambiado el cariño y cuidado por la protección. Ahora los hijos y nietos no pueden abrazarlos para poder protegerlos.
Y, por supuesto, me acuerdo de los que se han ido. Su procesión sí ha salido y a ellos todos les gritamos... ¡¡¡VIVA EL ABUELO!!!


miércoles, 8 de abril de 2020



"Que buen vasallo fuere, si tuviese buen señor"

Esta celebre cita del Cantar del destierro del "cantar del Mio Cid", es lo que se me viene a la cabeza cuando pienso en la situación por la que estamos atravesando en nuestros días.
El pueblo español está demostrando estar "infinitamente" por encima de "sus señores", o sea su clase política (ojo, digo clase política, es decir, Gobierno, oposición y todos sus satélites).
Me da mucha pena ver como en estos terribles momentos por los que atravesamos, no son capaces de buscar un punto de encuentro desde el que surjan las soluciones a todos los problemas a los que nos enfrentamos, que no son pocos ni leves (sanitarios, económicos, sociales,...).Es el pueblo (en una aplastante mayoría) el que está demostrando esa altura que sus Políticos no tienen.

Cuando esto pase, que pasará (no hay mal que cien años dure), volverán todos a pedirnos el voto, unos diciendo, de los otros, lo mal que gestionaron esta crisis, los otros diciendo la poca ayuda recibida y lo mucho que los criticaron.
En definitiva, que mientras que en este "bendito" país, nuestros políticos sigan pensando más en el partido que les llena sus panzas, que en el pueblo al que se deben, seguiremos siendo unos buenos vasallos para unos "pésimos" señores.

jueves, 2 de abril de 2020

Y DE REPENTE NOS QUEDAMOS EN CASA...




Creo que ya he expresado mi opinión, en diferentes ocasiones, en lo referente a esta situación de confinamiento y educación.
Nosotros, en el C.E.I.P. San Miguel, impartimos nuestra docencia a niños y niñas de hasta 12 años, aproximadamente. La localidad, como la mayoría de los pueblos y ciudades de España, no disponen de Wi-Fi libre y asequible a toda la población. El alumnado de nuestro Centro, en un porcentaje que rondará el 80%, no dispone de impresora y ordenador personal con conexión a internet. El profesorado, al igual que en la mayoría de los centros andaluces, está inmerso  en un proceso de formación en herramientas digitales, de las cuales carecemos en la mayoría de los centros (en cantidad y calidad).
A pesar de todos estos condicionantes, durante este periodo de confinamiento, tanto la mayoría de las familias como profesorado, estamos dando respuesta a la formación de nuestro alumnado. Lo estamos haciendo con mayor o menor acierto, pero con todo el interés y esfuerzo del que somos capaces.
Lo que quiero transmitir es que espero que todo esto no sea en balde. Que las administraciones (sean del color que sean, lo siento pero todas me han demostrado lo mismo) tomen nota y se den cuenta que la SANIDAD y EDUCACIÓN no pueden ser moneda de cambio en ninguna política. Una sanidad y educación sólida y de calidad hace una sociedad capaz de afrontar las situaciones problemáticas con una solvencia que, lamentablemente, no tenemos en nuestros días. No creo que deban existir 17 “sanidades” y 17 “educaciones”. Son tan importantes que eso debe ser cosa de PAIS, para que no existan discriminaciones dependiendo de la buena o mala gestión que hagan los diferentes gobiernos en cada comunidad, con el apoyo, o no, del gobierno central de turno.
Y la otra reflexión que quería hacer es referente a la “saturación” de documentos, enlaces, vídeos, … y todo lo que le estamos o pretendemos mandar a las familias. Esas mismas familias que como dije al principio tienen importantes carencias en conocimientos, materiales y conexiones digitales. Con lo que, lo único que hacemos es incrementar la ansiedad y desazón que ya de por sí están soportando en estos momentos, con unas situaciones familiares muy particulares, y en algunas ocasiones muy difíciles. No, no creo que para un niño o niña de las edades de nuestro alumnado sea prioritario si se evalúa o no se evalúa este curso. Los docentes estamos hartos de repetirnos  que en todos los cursos damos los mismos contenidos, con diferentes niveles de profundización, pues yo no sé por qué, ahora, de repente, creemos que es una catástrofe  si se adelantan o no se adelantan contenidos. Creo que lo que tenemos que conseguir con nuestro alumnado es que sigan manteniendo un contacto con el centro, que repasen lo aprendido, que lean, que escriban y que si se tienen que aburrir… se aburran. Del aburrimiento han surgido, en muchas ocasiones, las creaciones más originales y ha sido caldo de cultivo para la imaginación (algo que tenemos “capado” en el alumnado, porque le damos todo hecho y no les dejamos ni un minuto para que ellos piensen en lo que ocupar su tiempo).
En definitiva, que espero que salgamos de esta “guerra” mucho más fuertes de como la empezamos. Dándonos cuenta de lo que verdaderamente es importante y lo que no. Tanto a nivel personal como a nivel de SOCIEDAD.

viernes, 3 de enero de 2020

Hace mucho tiempo que no escribo para que se lea. Bueno sin contar los deberes y exámenes de la escuela de idiomas, donde me apunté hace algunos años (curiosamente los mismos que hace que no publico entradas en mi blog). Sí, estoy aprendiendo inglés. Me lo propuse en aquel viaje al extranjero y lo estoy cumpliendo. ¿Por qué? ¿Para qué?...La verdad es que no lo sé, o tal vez sí. Tal vez sea por mi curiosidad por conocer nuevas culturas, nuevas formas de pensar, de vivir, ... Desgraciadamente, no tengo muchas posibilidades para viajar, aunque si muchas ilusiones de poder hacerlo, tal vez por eso haya empezado por ir aprendiendo el idioma.

Volviendo a lo de escribir... me gustaría saber hacerlo. Me gustaría escribir, poner en un papel (o colgarlo en la red, que es mucho más moderno) lo que pienso, aquello que me gustaría compartir con los demás. Hay ocasiones en las que se me ocurren cosas y pienso en contarlas, pero por falta de tiempo, de ese momento libre y oportuno no llego a plasmarlas. 

Hace algunos años asistí a un taller de expresión escrita, lo hice para aprender cómo enseñar a mi alumnado a escribir, a redactar, en definitiva a mejorar su expresión escrita, ya que este, desde mi punto de vista, es el aspecto más pobre y menos trabajado dentro de la etapa escolar, por lo menos en primaria. Pues bien, en ese taller aprendí bastantes cosas relacionadas con la escritura en la edad escolar pero, sobre todo, lo que me pasó es que  despertó en mí la curiosidad y el placer por escribir. 

A mi siempre me ha gustado leer, y siempre he admirado la capacidad de los escritores para crear historias, para enlazar acontecimientos en el tiempo y en el espacio. Esto hizo que pensase ¿por qué no crear yo también? Entonces empecé a escribir algo que siempre me había rondado por la cabeza, escribir las historias que mi padre, un gran contador de historias, me contaba.
Aprovechando las horas muertas que tuve que pasar en salas de espera de hospitales, centros de salud y demás, empecé a escribir en una pequeña libreta aquellas historias que mi padre me contaba. Intentaba darles forma, pero era imposible hacerlas "sonar" con la gracia y emoción con la que mi padre las impregnaba, así que decidí escribir mi propia historia, en  la que mezclaría mi visión de las cosas con esas antiguas historias de pueblo que tanto me gustaba escuchar.

Estoy en ello, no sé cuando este sueño se hará realidad, si es que algún día ocurre, lo que sí sé es que le pondré toda mi alma, ya que el que me guia era un gran contador de historias.