
¡¡Felicidades!! Eso fue lo que todos gritamos cuando se abrió la puerta del salón y apareció ella. Era una "fiesta sorpresa", la habian preparado sus hijas, con el cariño y el mimo que solo unas hijas pueden poner cuando quieren demostrarle a su madre cuanto les importa y la quieren.
No fue una fiesta "profesional", organizada por un "organiza fiestas profesional", fue sencilla, de chascarrillos, canciones y bailes, pero en la que todos estábamos felices por estar allí, nos sentíamos actores principales en una película, en la película de una vida, de la vida de una mujer a la que queremos y nos importa. Por eso yo me quedo con las "medias noches" de jamón york y queso y la tortilla de patatas, porque la fiesta de ese cumpleaños estaba dentro de nosotros y ni en el mejor y más lujoso salón de Madrid hubiéramos sentido las emociones que sentimos en ese salón que tantos cumpleaños ha celebrado...y celebrará.
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