Angelita nació
allá por el año 1924 en una sencilla familia jaenera. Era hija de un carpintero y una sufrida
ama de casa. Se crio sin lujos, sabiendo lo que valían y costaban las
cosas. Creció, junto a sus tres hermanas y dos hermanos, a caballo entre la
castiza calle Almendros Aguilar, en el barrio de la Merced, y la calle
Cañizares, del no menos castizo barrio de San Ildefonso. Asistió al colegio
San Vicente de Paúl, popularmente conocido como "amiga de piedra",
donde fue educada por las monjas de las Hijas de la Caridad. Angelita luchó
por labrarse un futuro, por encontrar una "colocación", según palabras
de la época. Y así lo hizo.
Pero Angelita
se vio sorprendida por el amor. Se cruzó en su camino un apuesto agricultor,
hijo de una familia de pueblo, de las que a sus miembros se les daba el
tratamiento de "señorito". Se enamoró perdidamente de aquel
apuesto pueblerino que se vino a mudar a la capital después de la Guerra. Él
tenía como ocupación el campo, algo ambiguo y que le permitía tener una
autonomía que le alejaba de horarios. Ella, por el contrario, sí tenía
horarios. Empleada como mecanógrafa en el laboratorio de un reputado doctor y
analista de la capital, aporreaba durante todo el día la máquina de escribir en
interminables informes y escritos. Tenía un sueldo que aportaba a casa, donde
sus padres lo administraban con justicia.
Para Angelita,
el casarse con Virgilio, que así se llamaba su amado, supuso renunciar a todo
lo que hasta ese momento había sido su vida: su familia, su trabajo,… Pero le
pudo el amor que sentía por él.
La vida de
Angelita transcurrió a mitad de camino entre el pueblo y la capital, entre el
campo y la ciudad, entre el cortijo y la casa en Jaén. Durante toda su
vida se adaptó con resignación a todo lo que le venía dado. De fortísimas
convicciones religiosas, Angelita se refugiaba en ellas y aceptaba sin
protestar "lo que estaba del Señor".
La humildad
fue, sin duda, el rasgo más destacado de la personalidad de Angelita. Ella
siempre estaba allí, pero no era la protagonista, siempre ocupaba ese lugar necesario pero
oculto, imprescindible pero invisible. Nunca fue de "salir en la
foto", de hecho nunca le gustaron, pero sin su concurso nada hubiese
funcionado en esa familia. Moderada y tranquila, jamás mostró su disconformidad
de manera exagerada, nunca se le oyó gritar las injusticias o desencuentros de
los que pudo ser víctima o testigo. "Mujer de las de antes", horrible
expresión que encierra todo aquello por lo que la Mujer ha pasado y esperemos
que nunca más pase.
Angelita era
Buena, sí, Buena con mayúscula. Es muy difícil encontrar a alguien que
tenga una mala opinión de ella. A pesar de los tiempos y circunstancias en las
que le tocó vivir, siempre tuvo ese espíritu conciliador, tolerante, positivo,
que le hacía ver más allá de sus creencias religiosas, o precisamente porque
sus creencias eran verdaderamente religiosas, y no afines a la ortodoxia de la
época.
Pero Angelita
tenía una debilidad, su Familia. Sus cuatro hijos y su Virgilio. Por los que
daba la vida. La verdadera razón de su existencia. Y así lo demostraba día
a día. Jamás rehusó estar donde se le necesitara, siempre dispuesta a ayudar,
cuidar, mimar, ... pero sobre todo amar. Tenía una particular manera de amar,
sin aspavientos, sin excesos, sin muestras desmesuradas o fingidas de cariño.
Como todo en ella, era serenidad, una dulzura sincera que te hacía sentir
tranquilo, seguro y, sobre todo, querido.
Nada dura para
siempre y Angelita nos dejó. Y lo hizo de la misma manera en que había vivido,
tranquila, sin hacer ruido. Era fuerte, siempre decía que "yo no he ido
al hospital ni para parir", y que fatalidad que cuando lo hizo
fuera para morir. No era vieja, era mayor y se sentía fuerte y útil, porque era
ella quien cuidaba de su esposo, que por aquel tiempo gozaba ya de una
"delicada salud de hierro". Pero el guión de su vida quiso que fuera
ella quien se marchara primero. O, tal vez, se fueron los dos juntos, porque
desde entonces Virgilio dejó de vivir, seguía existiendo, pero muy lejos de la
vida.
Los que hemos
tenido la inmensa fortuna de poder haberla llamado MAMÁ, hemos tenido en ella
un ejemplo de vida, un referente que nos ha servido de guía y modelo.
Hoy es día 3
de mayo, día en que nos dejó nuestra madre, Angelita.
Me acuerdo mucho de ella, tita Angelita como la hemos llamado nosotros. Una mujer 10
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