Todos aprendemos de todos. La profesión de maestro es, sin duda alguna, la más gratificadora de todas las profesiones que podamos imaginar, y no tanto por lo que enseñamos los maestros, sino por lo que nos enseñan nuestros alumnos.
Cuando les proponemos que escriban sobre algún tema no dejan de sorprendernos con su imaginación y frescura a la hora de contarnos las cosas. En mi clase procuramos escribir todo lo que podemos y aquí os iré enseñando algunos de esos escritos. Espero que os gusten tanto como a mí.
Este cuento, que reproduzco a continuación, está escrito por José Nova Cruz, de mi clase de sexto de primaria.
El Sueño de una noche
" Había una vez, un niño, llamado Alberto, que tenía una amiga llamada Constancia.
Alberto y Constancia siempre habían vivido juntos, incluso iban al mismo colegio y asistían a la misma clase.
Cuando terminaron el colegio, Alberto sintió un flechazo y se enamoró de Constancia aunque su amor no era correspondido. Los dos siguieron creciendo juntos y el amor que Alberto sentía fue creciendo como una enredadera dentro de su corazón.
Cuando Constancia tuvo 20 años, su padre, que era arqueólogo, tuvo que trasladarse a África para continuar con unas importantes excavaciones en el desierto. Con él partió toda su familia, incluida la bella Constancia.
Sin conocer la marcha de su amada, un día Alberto fue a la casa de Constancia, cuando llegó, llamó al timbre y no contestó nadie, lo que extrañó mucho al joven. Pasados los días Alberto se enteró de que Constancia se había mudado a África, muy triste se fue a su casa, aunque pensó que ahora que le habían dado las vacaciones de verano, que por que no ir a visitar a Constancia. Dicho y hecho, preparó la maleta a media noche y se puso en camino para llegar a África por la mañana, pero no era un camino fácil el que tenía que recorrer, así cuando se hizo de día estaba llegando al desierto del SAHARA, entonces se paró y pensó en Constancia, si la volviera a ver... y dijo:
-En esta vida solo hay una oportunidad y Constancia es el amor de mi vida, tengo que encontrarla.- Se encaminó a la aventura con los ánimos renovados y cuando ya llevaba un rato caminando, se paró a descansar y a comer.
Cuando comió se echó una siesta, y cuando se despertó se encontraba en una carroza. Salió de la carroza y los guardias que había se tiraron a por él y le dieron con un palo en la cabeza Alberto quedó inconsciente. Cuando despertó le dolía la cabeza y estaba en una celda metido, se puso a gritar de desolación:
– ¡Socorro!¿hay alguien ahí? – En la celda de al lado había alguien, pero como estaba muy oscuro no podía distinguir de quien se trataba. Entonces Alberto, intrigado le preguntó cómo se llamaba y una voz dulce y aterciopelada le contestó:
" Había una vez, un niño, llamado Alberto, que tenía una amiga llamada Constancia.
Alberto y Constancia siempre habían vivido juntos, incluso iban al mismo colegio y asistían a la misma clase.
Cuando terminaron el colegio, Alberto sintió un flechazo y se enamoró de Constancia aunque su amor no era correspondido. Los dos siguieron creciendo juntos y el amor que Alberto sentía fue creciendo como una enredadera dentro de su corazón.
Cuando Constancia tuvo 20 años, su padre, que era arqueólogo, tuvo que trasladarse a África para continuar con unas importantes excavaciones en el desierto. Con él partió toda su familia, incluida la bella Constancia.
Sin conocer la marcha de su amada, un día Alberto fue a la casa de Constancia, cuando llegó, llamó al timbre y no contestó nadie, lo que extrañó mucho al joven. Pasados los días Alberto se enteró de que Constancia se había mudado a África, muy triste se fue a su casa, aunque pensó que ahora que le habían dado las vacaciones de verano, que por que no ir a visitar a Constancia. Dicho y hecho, preparó la maleta a media noche y se puso en camino para llegar a África por la mañana, pero no era un camino fácil el que tenía que recorrer, así cuando se hizo de día estaba llegando al desierto del SAHARA, entonces se paró y pensó en Constancia, si la volviera a ver... y dijo:
-En esta vida solo hay una oportunidad y Constancia es el amor de mi vida, tengo que encontrarla.- Se encaminó a la aventura con los ánimos renovados y cuando ya llevaba un rato caminando, se paró a descansar y a comer.
Cuando comió se echó una siesta, y cuando se despertó se encontraba en una carroza. Salió de la carroza y los guardias que había se tiraron a por él y le dieron con un palo en la cabeza Alberto quedó inconsciente. Cuando despertó le dolía la cabeza y estaba en una celda metido, se puso a gritar de desolación:
– ¡Socorro!¿hay alguien ahí? – En la celda de al lado había alguien, pero como estaba muy oscuro no podía distinguir de quien se trataba. Entonces Alberto, intrigado le preguntó cómo se llamaba y una voz dulce y aterciopelada le contestó:
- Mi nombre es Constancia, y soy hija de un arqueólogo español que ha sido trasladado a este desierto para realizar una excavaciones.
Al oír esto Alberto saltó de alegría, y le dijo:
- Constancia, soy yo Alberto, vine para buscarte estuvieras donde estuvieras.
Constancia se alegró tanto al oírlo que se puso a llorar de alegría, entonces los dos idearon un plan para poder salir de esa horrible y oscura prisión.
Cuando vino el guardia a darles la comida, Alberto le dio con la bandeja de la comida en la cabeza y el guardia se quedó inconsciente, alargando la mano cogió la llaves de la celda y se escaparon los dos juntos de la mano, cuando salieron de la prisión se encontraron en un castillo.
Los guardias salieron tras ellos y los atraparon justo delante un precipicio que se abría al vacío. Sin poder remediarlo, en sus ansias por escapar, Alberto y Constancia cayeron por el precipicio.
Al oír esto Alberto saltó de alegría, y le dijo:
- Constancia, soy yo Alberto, vine para buscarte estuvieras donde estuvieras.
Constancia se alegró tanto al oírlo que se puso a llorar de alegría, entonces los dos idearon un plan para poder salir de esa horrible y oscura prisión.
Cuando vino el guardia a darles la comida, Alberto le dio con la bandeja de la comida en la cabeza y el guardia se quedó inconsciente, alargando la mano cogió la llaves de la celda y se escaparon los dos juntos de la mano, cuando salieron de la prisión se encontraron en un castillo.
Los guardias salieron tras ellos y los atraparon justo delante un precipicio que se abría al vacío. Sin poder remediarlo, en sus ansias por escapar, Alberto y Constancia cayeron por el precipicio.
Cuando llegó al fondo se despertó y vio que todo había sido una terrible pesadilla. Alberto seguía estando en el colegio y Constancia, una preciosa niña de once años, seguía ocupando la mesa de su derecha. "
Amigo Jose Carlos,he leído por casualidad tu blog al estar curioseando en el de Rafael.Me parece de admirar tu frescura y sencillez a la hora de expresar tus sentimientos.Para mi es un orgullo ser tu compañera y amiga , y quiero animarte a que sigas escribiendo para el deleite de los que te apreciamos.Un abrazo
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