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viernes, 3 de enero de 2020

Hace mucho tiempo que no escribo para que se lea. Bueno sin contar los deberes y exámenes de la escuela de idiomas, donde me apunté hace algunos años (curiosamente los mismos que hace que no publico entradas en mi blog). Sí, estoy aprendiendo inglés. Me lo propuse en aquel viaje al extranjero y lo estoy cumpliendo. ¿Por qué? ¿Para qué?...La verdad es que no lo sé, o tal vez sí. Tal vez sea por mi curiosidad por conocer nuevas culturas, nuevas formas de pensar, de vivir, ... Desgraciadamente, no tengo muchas posibilidades para viajar, aunque si muchas ilusiones de poder hacerlo, tal vez por eso haya empezado por ir aprendiendo el idioma.

Volviendo a lo de escribir... me gustaría saber hacerlo. Me gustaría escribir, poner en un papel (o colgarlo en la red, que es mucho más moderno) lo que pienso, aquello que me gustaría compartir con los demás. Hay ocasiones en las que se me ocurren cosas y pienso en contarlas, pero por falta de tiempo, de ese momento libre y oportuno no llego a plasmarlas. 

Hace algunos años asistí a un taller de expresión escrita, lo hice para aprender cómo enseñar a mi alumnado a escribir, a redactar, en definitiva a mejorar su expresión escrita, ya que este, desde mi punto de vista, es el aspecto más pobre y menos trabajado dentro de la etapa escolar, por lo menos en primaria. Pues bien, en ese taller aprendí bastantes cosas relacionadas con la escritura en la edad escolar pero, sobre todo, lo que me pasó es que  despertó en mí la curiosidad y el placer por escribir. 

A mi siempre me ha gustado leer, y siempre he admirado la capacidad de los escritores para crear historias, para enlazar acontecimientos en el tiempo y en el espacio. Esto hizo que pensase ¿por qué no crear yo también? Entonces empecé a escribir algo que siempre me había rondado por la cabeza, escribir las historias que mi padre, un gran contador de historias, me contaba.
Aprovechando las horas muertas que tuve que pasar en salas de espera de hospitales, centros de salud y demás, empecé a escribir en una pequeña libreta aquellas historias que mi padre me contaba. Intentaba darles forma, pero era imposible hacerlas "sonar" con la gracia y emoción con la que mi padre las impregnaba, así que decidí escribir mi propia historia, en  la que mezclaría mi visión de las cosas con esas antiguas historias de pueblo que tanto me gustaba escuchar.

Estoy en ello, no sé cuando este sueño se hará realidad, si es que algún día ocurre, lo que sí sé es que le pondré toda mi alma, ya que el que me guia era un gran contador de historias.

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