VISITAS

domingo, 22 de febrero de 2026

Una ventana en el mar


 Desde mi ventana puedo ver el  mar.

Se abre inmenso bajo mis pies. Navego en un estático crucero que costea desde la punta de Motril hasta San Cristóbal.

La agreste costa se recorta perfilando un paisaje verde salpicado de blancas casitas colgadas en sus acantilados.

Las gaviotas nos saludan cercanas, acompañándonos en nuestro quieto navegar.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un viaje así. En este viaje no navego solo. En él me acompaña la mujer  con la que siempre quiero estar. Con la que quiero compartir mi vida. La que me calma, la que me arropa en las noches de mar gruesa. Es el faro que me indica el camino, sin ella navegaría a la deriva.

Somos unos afortunados, los dueños de esta nave nos han invitado en su viaje.

Las vistas desde mi ventana son profundas, lejanas, casi hasta alcanzar otros continentes. Solo la dueña y capitana de este crucero sabe hasta donde se puede ver. Y lo sabe porque ella ve con el corazón. Cuando la vista no te alcanza es el corazón el que te guía. Solo así se puede navegar por este mar no exento de temporales.

También es fundamental la compañía y apoyo de un buen marino, alguien que siempre está a su  lado, que la protege y cambia de rumbo cuando la mar lo acoseja. 

He tenido el privilegio de embarcarme en este crucero con la mejor compañía.

Gracias.









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